Croquetas de gambas al ajillo
Si sois de los que os gusta incluir croquetas en vuestro menú navideño, estas son una propuesta estupenda.
La croqueta es uno de los grandes iconos de la gastronomía española, apreciada por su contraste entre exterior crujiente e interior cremoso.
En esta versión, la receta clásica se combina con el sabor intenso de las gambas al ajillo, dando como resultado una elaboración elegante y llena de matices.
La suavidad de la bechamel se equilibra con el aroma del ajo y el aceite de oliva, realzando el sabor de las gambas y ofreciendo un bocado delicado, sabroso y perfectamente armonizado.
El resultado es una croqueta cremosa, equilibrada y llena de matices, perfecta para servir como entrante o aperitivo gourmet.
Ingredientes:
300 gr de gambas crudas, peladas.
60 gr de mantequilla
50 gr de harina de trigo
700 ml de leche entera, caliente
4 dientes de ajo
1 guindilla
Aceite de oliva virgen extra
Sal al gusto
Panko
Huevo
Picamos finamente los dientes de ajo. En una sartén amplia, calentamos un fondo de aceite de oliva virgen extra y doramos suavemente los ajos junto con la guindilla, evitando que se quemen.
Añadimos las cabezas de las gambas, las cocinamos unos minutos para que así el aceite adquiera el sabor de las gambas y las retiramos.
Incorporamos las gambas troceadas, salteamos brevemente y retiramos del fuego. Reservamos.
En una cazuela derretimos la mantequilla junto con el aceite donde se hicieron las gambas a fuego medio. Incorporamos la harina y cocinamos durante unos minutos, removiendo constantemente, hasta obtener un roux homogéneo y ligeramente dorado. Vertemos la leche caliente poco a poco, sin dejar de remover, hasta conseguir una bechamel espesa y lisa. Salpimentamos al gusto.
Añadimos las gambas al ajillo a la bechamel y mezclamos cuidadosamente para que queden bien repartidas. Cocinamos el conjunto durante 2–3 minutos más, ajustando el punto de sal si fuese necesario.
Extendemos la masa en una fuente, cubrimos con film transparente a piel y dejamos enfriar completamente. Metemos en la nevera un mínimo de 4 horas, preferiblemente toda la noche, para que la masa adquiera consistencia.
Damos forma a las croquetas, las pasamos por huevo batido y panko.
Las freímos en abundante aceite caliente (180 °C) hasta que estén doradas y crujientes.
Retiramos y escurrimos sobre papel absorbente.


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